Incendios: cómo recuperar el monte tras el fuego

¿Qué hay que hacer tras un incendio forestal? ¿Hay que plantar inmediatamente? ¿con qué especies? Éstas y otras preguntas surgen tras cada episodio de fuegos. Lo deseable es empezar haciendo un trabajo para contener la posible erosión. Y lo habitual es esperar al menos un año antes de reforestar. En este artículo encontrarás más respuestas.

Tras un incendio lo primero que se debe hacer es evaluar los siguientes aspectos:

El riesgo de pérdida de suelo

El suelo es la base de todo. La lluvia y el viento arrastran las capas más superficiales, que son las que contienen la materia orgánica. Se puede proteger el suelo con los propios restos quemados, convenientemente troceados y esparcidos, o colocados a modo de barreras que contienen el suelo arrastrado.

También se pueden hacer pequeñas presas en los arroyos para retener los sedimentos, sembrar herbáceas que cubran el suelo y eviten la erosión e incluso arrojar paja desde helicópteros.

Tras un incendio, lo deseable es que la administración competente haga un trabajo para contener la posible erosión. Lo habitual es esperar al menos un año antes de reforestar o de autorizar reforestaciones.

© Terri Sharp en Pixaba

Las posibilidades de regenerarse sin intervención humana

Para que la vegetación preexistente pueda regenerarse deben quedar semillas y/o plantas vivas en la misma zona quemada o en sus proximidades. No todas las especies tienen la misma capacidad de recuperación tras un incendio ni de propagar sus semillas a larga distancia. Las altas temperaturas pueden favorecer a aquéllas cuyas semillas germinan bien en esas condiciones.

Por otra parte, aunque se haya quemado el tronco, hay especies que pueden rebrotar, como es el caso de la encina o del melojo. Otras no, como los enebros y la mayor parte de los pinos. Por tanto, si el banco de semillas no ha quedado muy dañado y las especies quemadas tienen posibilidad de recuperarse, no será necesario reforestar.

Si algunas especies no tienen capacidad de recuperación, la intervención puede limitarse a la necesaria para apoyar a estas especies. Si el daño a la vegetación ha sido muy intenso y no hay opciones para la regeneración natural, habrá que intervenir. En cualquier caso, para que la regeneración sea posible es necesario evitar la pérdida de suelo o mantenerla en unos límites tolerables.

Si lo que se ha quemado es una de aquellas repoblaciones forestales efectuadas hace décadas con una elevada densidad de solo una o dos especies de pino, sí debe aprovecharse el incendio para intentar generar una nueva combinación de especies más resistente al fuego y al cambio climático.

Esto conlleva introducir diversidad de árboles y arbustos autóctonos, ya que los bosques diversos son más eficaces ante el fuego y después del fuego, menos vulnerables a las plagas y más fuertes ante el calentamiento global.

 © skeexe en Pixabay

Qué hacer con la madera quemada

Introducir maquinaria pesada para retirar la madera quemada puede dañar gravemente al suelo. Habría que retirar los troncos quemados con tracción animal o con las alternativas mecanizadas que menos erosión produzcan. Una opción ya mencionada es trocear los troncos para proteger y enriquecer el suelo. Los animales pueden aprovechar los troncos, ya estén tumbados o en pie, como refugio y posadero. Dado que muchas semillas son transportadas por la fauna, esto favorece la recuperación de la vegetación.

Hay que valorar también el riesgo de plagas forestales que puedan expandirse a partir de la madera quemada. Algunas investigaciones insisten en que los insectos perforadores se van a dirigir más a los árboles aún vivos que a los muertos. Así, el beneficio de extraer los troncos quemados para evitar la expansión de las plagas sería cuestionable.

© Jack Bassingthwaighte en Unsplash

La presión de los herbívoros

El ganado y los herbívoros silvestres pueden dañar seriamente los rebrotes y las nuevas plantas. Si este riesgo existe será necesario acotar la zona al pastoreo. La presencia de conejo, corzo, ciervo, gamo, jabalí… puede hacer necesario instalar cercados que impidan su acceso. Así se asegurará una evolución positiva a esos rodales de árboles y arbustos, apoyando la regeneración de zonas no cercadas. Una densidad excesiva de estos animales puede malograr cualquier reforestación o recuperación natural.