Plantar o sembrar, dos formas de dar vida a un bosque

Hay dos formas de reforestar: una es plantar y la otra sembrar o semillar. En el primer caso se reforesta con plantas procedentes de vivero (plantones) que tienen, generalmente, uno o dos años. En el segundo se emplean semillas y la planta resultante de su germinación se quedará a “vivir” allí donde ha nacido.

Los dos grandes enemigos de una reforestación son la sequía y los animales silvestres. Cuando reforestamos con plantones tenemos la ventaja de que al arbolito le podemos poner un protector para que los animales herbívoros no se los coman una vez plantados. Esto también permite localizarlos fácilmente para regarlos y darles otros cuidados muy necesarios.

Pero los plantones tienen un talón de Aquiles: suelen venir desproporcionados. En el vivero no les han faltado el agua y los nutrientes, por lo que no han necesitado desarrollar mucho su raíz y han aprovechado toda esa energía para desarrollar su parte aérea (tallo y hojas). El caso es que, una vez trasplantadas al monte, no disfrutan de tanta agua ni de tantos nutrientes como en el vivero. Para ellas es un ‘shock’ tener que mantener su tronco y hojas con una corta raíz que no llega a zonas más profundas del suelo donde se acumula humedad.

Esto implica que, por muchos cuidados que les demos, siempre se secan algunas. Os preguntaréis porqué los viveros lo hacen así. Bueno, además de que esto permite tener plantas muy vistosas, si forzaran más el crecimiento de la raíz se necesitarían macetas más grandes, lo cual significa más espacio.

En contraste, como la naturaleza es sabia, la semilla que germina directamente en la tierra va a crecer por los cimientos. Es decir, antes de asomar tallo y hojas se va a preocupar de tener una buena raíz que le asegure un mejor acceso a la humedad acumulada en el suelo. Entonces seguro que os viene a la cabeza una pregunta: ¿por qué no se reforesta siempre con semillas que, además, son más baratas? La respuesta es que la fauna también se las come. Solo un pequeño porcentaje de las semillas logra germinar y, de ellas, muchas no alcanzan la madurez. Antes, se las comen los animales o se secan, cosa que es más improbable que en el caso de los plantones, pero también sucede.

Sin embargo, la dispersión de las semillas es el modo natural de propagación de la vegetación, siendo la fauna un agente dispersor de primer orden. Sí, hormigas, ardillas, ratones, arrendajos y otros animales las transportan a sus refugios, olvidando a menudo dónde las han guardado, lo cual facilita su germinación. Otras veces comen los frutos y gracias a que circulan por sus tractos digestivos, las semillas contenidas en esos frutos pueden germinar una vez que son excretadas. Así, año tras año, millones de semillas entran en el ciclo de la naturaleza, y las pocas que se convierten en árboles y arbustos son las que renuevan los bosques.

Sin comentarios

Publicar un comentario